Que contiene la relación de lo que pasó entre el señor y la señora Bumble y el señor Monks, en su entrevista nocturna
Era una tarde de verano sube, pesada y nublada. Las nubes, que habían estado amenazando todo el día, se extendían en una masa densa y perezosa de vapor, ya dejaban caer grandes gotas de lluvia y parecían presagiar una violenta tormenta, cuando el señor y la señora Bumble, saliendo de la calle principal de la población, encaminaron sus pasos hacia una pequeña y dispersa colonia de casas ruinosas, situada a una milla y media de distancia, poco más o menos, y levantada sobre un pantano bajo e insalubre que lindaba con el río.
Ambos iban envueltos en prendas exteriores viejas y raídas que bien podían servir al doble propósito de proteger sus cuerpos de la lluvia y ocultarlos de las miradas ajenas. El marido llevaba un farol que, sin embargo, aún no emitía luz alguna; y caminaba con dificultad, unos pasos más adelante, como si —estando el camino fangoso— quisiera ofrecer a su mujer la ventaja de pisar sobre sus pesadas huellas. Avanzaban en profundo silencio; de vez en cuando, el señor Bumble disminuía el paso y volvía la cabeza como para asegurarse de que su estimada mitad lo seguía; luego, al descubrir que ella iba pegada a sus talones, aceleraba el tramo que caminaba y avanzaba, a una velocidad considerablemente mayor, hacia su lugar de destino.
Este distaba mucho de ser un lugar de dudosa reputación; pues desde hacía tiempo se le conocía como la residencia exclusiva de rufianes de la peor especie, quienes, bajo diversos pretextos de vivir de su trabajo, subsistían principalmente del pillaje y del crimen. Era un conjunto de meras chozas: