amo, y Él bien sabe
Oliver se sorprendió al ver que, al decir estas palabras, la señora Maylie sofocó sus lamentos como en un solo esfuerzo; y enderezándose mientras hablaba, recobró la compostura y la firmeza.
Aún le sorprendió más descubrir que esta firmeza duraba; y que, bajo todos los cuidados y desvelos que siguieron, la señora Maylie se mostraba siempre dispuesta y serena: cumpliendo con todas las obligaciones que habían recaído sobre ella con constancia y, a todas luces, hasta con alegría.
Pero él era joven, y no sabía de qué son capaces las mentes fuertes en circunstancias difíciles. ¿Cómo iba a saberlo, si quienes las poseen rara vez se conocen a sí mismos?
Le siguió una noche de ansiedad. Cuando llegó la mañana, los pronósticos de la señora Maylie se cumplieron con creces. Rose se encontraba en la primera fase de una fiebre alta y peligrosa.