En el cual se cuida a Oliver mejor que nunca. Y en el cual la narración vuelve al alegre viejo caballero y sus jóvenes amigos
El coche se alejó traqueteando por casi el mismo terreno que Oliver había recorrido cuando entró por primera vez en Londres en compañía del Astuto; y, tomando un desvío diferente al llegar al Angel en Islington, se detuvo por fin ante una casa apacible, en una calle tranquila y sombreada cerca de Pentonville.
Aquí se preparó una cama sin pérdida de tiempo, en la que el señor Brownlow vio a su joven protegido depositado con cuidado y comodidad; y aquí fue atendido con una amabilidad y una solicitud que no conocían límites.
Pero, durante muchos días, Oliver permaneció insensible a toda la bondad de sus nuevos amigos. El sol se alzó y se hundió, y se alzó y se hundió de nuevo, y muchas veces después de eso; y aún el chico yacía estirado en su lecho incómodo, consumiéndose bajo el calor seco y devorador de la fiebre.