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nydus/Oliver TwistPublic
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II. De cómo creció, se educó y se alimentó Oliver Twist

Pero el número de asilados en el hospicio disminuyó tanto como el de los pobres, y la junta estaba entusiasmada.

El cuarto en el que alimentaban a los muchachos era un gran salón de piedra, con una caldera en un extremo: de la cual el maestro, vestido con un delantal para tal fin y ayudado por una o dos mujeres, servía las gachas con cucharón a la hora de comer.

De esta festiva preparación, cada muchacho recibía un cuenco y nada más, salvo en ocasiones de gran regocijo público, en las que además se le concedían dos onzas y cuarto de pan.

Los cuencos nunca necesitaban ser lavados. Los muchachos los dejaban relucientes frotándolos con sus cucharas; y cuando habían realizado esta operación (que nunca llevaba mucho tiempo, ya que las cucharas eran casi tan grandes como los cuencos), se quedaban mirando la caldera de cobre con ojos tan ávidos, como si hubieran podido devorar los mismísimos ladrillos de los que estaba compuesta; mientras tanto, se empleaban en chuparse los dedos con gran asiduidad, con la intención de atrapar cualquier salpicadura perdida de gachas que pudiera haber caído en ellos. Los muchachos suelen tener un apetito excelente. Oliver Twist y sus compañeros sufrieron los tormentos de una lenta inanición durante tres meses: al fin se volvieron tan voraces y salvajes de hambre, que un muchacho, alto para su edad y no acostumbrado a esa clase de cosas (pues su padre había tenido una pequeña casa de comidas), insinuó oscuramente a sus compañeros que, a menos que le diesen otro tazón de gachas al día, temía que alguna noche pudiera ocurrirsele devorar al muchacho que dormía a su lado, que resultaba ser un joven debilucho y de tierna edad. Tenía una mirada salvaje y hambrienta; y le creyeron ciegamente. Se celebró un consejo; se echaron suertes para ver quién se acercaría al

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