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nydus/On the Jews and Their LiesPublic
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Martín Lutero: Sobre los judíos y sus mentiras

circuncisión. Así están en conflicto con Dios. Dios quiere que lo escuchen y que observen la circuncisión debida y plenamente; pero ellos se niegan e insisten en que Dios respete su obra de circuncisión, es decir, la mitad de la circuncisión, en verdad, la cáscara de la circuncisión. Dios, a su vez, se niega a hacer esto; y así se alejan cada vez más, y es imposible reunirlos o reconciliarlos.

Ahora bien, ¿quién desea acusar a Dios de injusticia? Díganme, cualquiera que sea razonable, si es adecuado que Dios tenga en cuenta las obras de aquellos que se niegan a escuchar su palabra, o si debe considerarlos como su pueblo cuando ellos no quieren considerarlo a él como su Dios? Con toda justicia y sobrada razón Dios puede decir, como declara el salmo [Sal. 81:11 s.]: «Israel no quiso saber nada de mí. Los entregué, por tanto, a la terquedad de su corazón, para que siguieran sus propios planes». Y en el Deuteronomio 32:21, Moisés afirma: «Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios... Así yo los moveré a celos con los que no son un pueblo».

Del mismo modo, entre nosotros los cristianos, los papistas ya no pueden pasar por la iglesia. Pues no quieren dejar que Dios sea su Dios, ya que se niegan a escuchar su palabra, sino que más bien la persiguen de la manera más terrible, y luego se presentan con sus cáscaras vacías, paja y escoria, al celebrar la misa y practicar sus ceremonias.

Y se supone que Dios los va a reconocer y mirar como su verdadera iglesia, pasando por alto el hecho de que no lo reconocen como el verdadero Dios, es decir, no quieren que él les hable a través de sus predicadores. Su palabra debe ser considerada herejía, el diablo y todo mal. Esto él ciertamente lo hará, como con seguridad habrán de experimentar, mucho peor que los judíos.

Ahora bien, podemos deducir fácilmente de todo esto que la circuncisión era muy útil y buena, como declara san Pablo, no ciertamente por sí misma, sino a causa de la palabra de Dios.

Pues estamos convencidos, y es la verdad, de que los niños que eran circuncidados al octavo día se convirtieron en hijos de Dios, como afirman las palabras: «Yo seré su Dios» [Gén. 17:7], porque recibieron la circuncisión perfecta y completa, la palabra junto con el signo, sin separar ambas cosas. Dios está presente, diciéndoles: «Yo seré su Dios»; y esto completó la circuncisión en ellos.

De igual manera, nuestros hijos reciben el bautismo completo, verdadero y total, la palabra junto con el signo, y no separan el uno de la otra; reciben el grano en la cáscara. Dios está presente; los bautiza y les habla, y mediante eso los salva.

Pero ahora que hemos envejecido, viene el papa y con él el diablo, y nos enseña a convertir esto en un opus legis o opus operatum. Separa la palabra y el signo la una del otro, enseñando que somos salvos por nuestra propia contrición, obra y satisfacción.

Compartimos la experiencia relatada por san Pedro en 2 Pedro 2:22: «El perro vuelve a su propio vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno».

Así nuestro sacramento se ha convertido en una obra, y volvemos a comer nuestro vómito.

De igual modo los judíos, al envejecer, arruinaron su buena circuncisión realizada al octavo día, separaron la palabra del signo yuc hicieron de ella una obra humana o incluso porcina. De esta manera perdieron a Dios y su palabra y ahora ya no tienen ningún entendimiento de las Escrituras.

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