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nydus/On the Jews and Their LiesPublic
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Martín Lutero: Sobre los judíos y sus mentiras

¡ido y venido, y nos golpean de manera tan terrible y cruel por su causa!

¿Qué tal si nuestras ideas respecto al Mesías, de que debía ser un Kokhba secular, nos han engañado, y él vino de una manera y forma diferentes?

¿Es posible que el Mesías sea Jesús de Nazaret, a quien tantos judíos y gentiles se adhieren, que realizan a diario tantos signos maravillosos?

Ay, se volvieron siete veces más tercos y viles que antes. Su concepción de un Mesías mundano debe de ser la correcta y no puede fallar; tiene que haber un error respecto al tiempo señalado. Los profetas deben mentir y fallar antes que ellos. No quieren saber nada de este Jesús, aunque tengan que pervertir toda la Escritura, no tener Dios y no conseguir jamás un Mesías. Así es como lo quieren.

Desde que los romanos los redujeron a una impotencia indefensa, desde ese momento se han vuelto contra la Escritura y han intentado audazmente arrebatárnosla y pervertirla con interpretaciones extrañas y diferentes. Se han apartado de la comprensión de todos sus antepasados y profetas, y además de su propia razón.

Debido a esto han perdido tantos cientos de miles de hombres, tierras y ciudades, y han caído presa de toda miseria. No han hecho nada durante estos mil cuatrocientos años sino tomar cualquier versículo que nosotros los cristianos aplicamos a nuestro Mesías y violarlo, destrozarlo, crucificarlo y retorcerlo para darle una nariz y una máscara diferentes.

Tratan con ella como sus padres trataron con nuestro Señor Cristo el Viernes Santo, haciendo que Dios parezca el mentiroso pero ellos mismos los veraces, como habéis oído antes. Asignan prácticamente diez interpretaciones distintas al dicho de Jacob en el Génesis 49. Del mismo modo saben cómo torcer la nariz de la afirmación de Hageo.

Aquí tenéis dos buenos ejemplos que os muestran con qué maestría los judíos exégetizan las Escrituras, de tal manera que no llegan a ningún significado definitivo.

También han distorsionado de este modo el pasaje de Daniel. No puedo enumerar todas sus vergonzosas glosas, sino que expondré tan solo una: aquella que Lira y Burgensis consideran la más famosa y extendida entre los judíos, de la cual no se atreven a apartarse bajo pena de perder sus almas. Dice así. Gabriel le dice a Daniel:

«Setenta semanas de años están decretadas sobre tu pueblo y sobre tu ciudad santa, para terminar la transgresión, para poner fin al pecado y para expiar la iniquidad, para traer la justicia eterna, para sellar la visión y al profeta, y para ungir un lugar santísimo...» [Dan. 9:24].

Este es el texto. Ahora sigue su hermoso comentario:

"Todavía pasarán setenta semanas antes de que Jerusalén sea destruida y los judíos sean llevados al exilio por los romanos. Esto sucederá para que este exilio los induzca a apartarse de sus pecados, para que sean castigados por ellos, los paguen, rindan satisfacción, los expíen y así se vuelvan piadosos eternamente y meriten el cumplimiento de las promesas mesiánicas, la reconstrucción del templo santo", etc.

Aquí percibes, en primer lugar, que la inconmensurable santidad de los judíos presupone que Dios cumplirá su promesa respecto al Mesías no debido a su pura gracia y misericordia, sino a causa del mérito y el arrepentimiento de ellos y de su extraordinaria piedad.

Y ¿cómo podría o debería Dios, ese pobre hombre, hacer otra cosa? Pues cuando prometió el Mesías a Jacob, David y Hageo por pura gracia, ni pensó ni sabía que aparecerían tras setenta semanas y tras la destrucción de Jerusalén unos santos tan grandes cuyos méritos le exigirían el Mesías, que tendría que conceder el Mesías no por gracia, sino viéndose obligado a enviarlo en razón de su gran pureza y santidad, cuándo, dónde y de la manera que ellos deseaban.

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