Tal es la imponente historia de los judíos, que se arrepintieron después de las setenta semanas y se volvieron tan piadosos.
Se puede deducir fácilmente que no se arrepintieron, ni fueron piadosos antes y durante las setenta semanas. Como resultado, los sacerdotes de Jerusalén murieron todos de hambre porque no hubo penitencia, ni ofrendas por el pecado o la culpa (que los sacerdotes necesitaban para su subsistencia).
Todo esto fue pospuesto y guardado para la penitencia y la santidad que debían comenzar después de las setenta semanas.
Donde no hay arrepentimiento, ni nada de qué arrepentirse, no hay pecado. Pero entonces, nos preguntamos, ¿de dónde vino el pecado por el cual tienen que arrepentirse después de las setenta semanas, dado que se habían expiado diariamente mediante tantos sacrificios de los sacerdotes, ordenados por Moisés para este fin, por todo pecado anterior?
¿Por qué tienen que empezar a hacer penitencia ahora, después de las setenta semanas, cuando el templo, el cargo y el sacrificio por los pecados ya no existen?
Pero lo siguiente supera incluso a esto. Gabriel dice, según la glosa de ellos, que los judíos se arrepentirán y se harán piadosos después de las setenta semanas, de modo que el Mesías vendrá por causa de su mérito.
¡Muy bien, aquí lo tenemos! Si Gabriel dice la verdad y no miente, entonces los judíos ya se han arrepentido, se han vuelto piadosos, han merecido al Mesías desde el transcurso de aquellas setenta semanas. Pues él dice que todo esto lo harán los judíos con posterioridad a las setenta semanas.
¿Qué se sigue ahora? Confiesan, en verdad se lamentan, que el Mesías no ha venido desde el fin de esas setenta semanas, que no ha venido hasta la fecha, aproximadamente 1468 años después; ni saben cuándo vendrá. Así que también tendrán que confesar que no han hecho penitencia por ningún pecado ni se han vuelto piadosos durante estos 1468 años posteriores a las setenta semanas, ni han merecido al Mesías.
De esto se sigue que el ángel Gabriel debe estar mintiendo cuando promete de parte de Dios que los judíos se arrepentirán, serán piadosos y merecerán al Mesías después de las setenta semanas.
En Levítico 26:40 y en Deuteronomio 4:29 y 30:1, Moisés también demuestra muy claramente que nunca han hecho penitencia sinceramente por el pecado desde las setenta semanas.
Con muchas y hermosas palabras promete que Dios los devolverá a su patria, aun si estuvieran dispersos hasta los extremos de los cielos, etc., si se vuelven hacia Dios con todo su corazón y confiesan su pecado.
Moisés pronuncia estas palabras como portavoz de Dios, a quien no se le puede acusar de mentir. Puesto que los judíos no han regresado a su país hasta la fecha, queda demostrado que nunca se han arrepentido del pecado con todo su corazón desde las setenta semanas.
Por lo tanto, debe ser una falsedad cuando interpretan incorrectamente que Gabriel está hablando de su arrepentimiento.
También sabemos que Dios es tan clemente por naturaleza que perdona al hombre su pecado en cada hora en que este se arrepiente sinceramente y siente pesar por ello, como dice David en el Salmo 32:5: «Dije: Confesaré mis transgresiones al Señor; y tú perdonaste la maldad de mi pecado».
También leemos que cuando el profeta Natán reprendió a David por su pecado y este último declaró acto seguido: «He pecado contra el Señor», fue absuelto inmediatamente por Natán, quien respondió: «El Señor ha quitado tu pecado» [2 Sam. 12:13].
Aun si en muchos casos Dios no elimina el castigo con la misma prontitud con que lo hizo con David, no por ello deja de asegurar al hombre la remisión de su pecado. Y si ni profeta ni sacerdote estuvieran disponibles, un ángel tendría que aparecer en su lugar y anunciar: «Tus pecados te son perdonados», para que un pecador en su aflicción y castigo no desmaye ni caiga en la desesperación.
Observamos también cómo durante el cautiverio babilónico Dios consuela graciosa y paternalmente al pueblo que confiesa sus pecados, permitiéndole soportar el castigo. Ni