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nydus/On the Jews and Their LiesPublic
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Martín Lutero: Sobre los judíos y sus mentiras

permanecer, firmes como una roca o como una inerte imagen de piedra, insistiendo en que Dios les dio país, ciudad y templo, y que por lo tanto tienen que ser el pueblo o la iglesia de Dios.

Ellos no oyen ni ven que Dios les dio todo esto para que guarden sus mandamientos, es decir, para que lo consideren su Dios y sean así su pueblo y su iglesia.

Se jactan de su raza y de su descendencia de los padres, pero ni ven ni prestan atención al hecho de que él eligió su raza para que guardasen sus mandamientos.

Se jactan de su circuncisión; pero el motivo por el cual son circuncidados —a saber, que deben guardar los mandamientos de Dios— no cuenta para nada.

Se apresuran a jactarse de su ley, su templo, su culto, su ciudad, su tierra y su gobierno; pero no hacencaso del motivo por el cual poseen todo esto.

El diablo con todos sus ángeles se ha apoderado de este pueblo, de modo que siempre ensalzan las cosas externas —sus dones, sus hechos, sus obras— ante Dios, lo que equivale a ofrecer a Dios las cáscaras vacías sin los granos. Esperan que Dios aprecie estas cosas y, a causa de ellas, los acepte como su pueblo, y los ensalce y bendiga por encima de todos los gentiles.

Pero que Él quiere que se observen sus leyes y desea ser honrado por ellos como Dios, esto no lo quieren considerar.

Así se cumplen las palabras de Moisés cuando dice [Deut. 32:21] que Dios no los considerará como su pueblo, ya que ellos no lo consideran a Él como su Dios. Oseas 2 [cf. 1:9] expresa el mismo pensamiento.

En verdad, si Dios no hubiera permitido que la ciudad de Jerusalén fuera destruida y los hubiera expulsado de su país, sino que les hubiera permitido permanecer allí, nadie les habría convencido de que no son el pueblo de Dios, ya que todavía estarían en posesión del templo, la ciudad y el país, sin importar cuán viles, desobedientes y obstinados hubieran sido.

[No lo habrían creído] ni aunque hubiera nevado únicamente profetas a diario y ni aunque mil Moisés se hubieran levantado y gritado: "Ustedes no son el pueblo de Dios, porque son desobedientes y rebeldes a Dios".

Pues bien, incluso hoy no pueden reprimir su fanfarronería absurda e insana de que son el pueblo de Dios, a pesar de haber sido arrojados, dispersados y totalmente rechazados durante casi mil quinientos años. En virtud de sus propios méritos, todavía esperan regresar allí de nuevo. Pero no tienen tal promesa con la que puedan consolarse, aparte de lo que su falsa imaginación introduce clandestinamente en la Escritura.

Nuestro apóstol San Pablo tenía razón cuando dijo de ellos que "tienen celo por Dios, pero no conforme a ciencia", etc. [Rom. 10:2].

Pretenden ser el pueblo de Dios en virtud de sus hechos, obras y apariencia externa, y no a causa de la pura gracia y misericordia, como han de serlo todos los profetas y todos los verdaderos hijos de Dios, tal como se ha dicho. Por tanto, están más allá de todo consejo y ayuda.

De la misma manera que nuestros papistas, obispos, monjes y sacerdotes, junto con sus seguidores, que insisten en que son el pueblo y la iglesia de Dios; creen que Dios debe tenerlos en alta estima porque están bautizados, porque tienen el nombre y porque mandan a sus anchas. Ahí se mantienen firmes como una roca.

Si vinieran cien mil apóstoles y dijeran:

"No sois la iglesia a causa de vuestro comportamiento o de vuestras muchas acciones y servicios divinos, aun cuando estos fueran vuestros mejores esfuerzos; no, debéis desconfiar de todo esto y abrigaros única y exclusivamente en la gracia y la misericordia de Cristo, etc. Si no hacéis esto, sois la ramera del diablo o una escuela de bribones y no la iglesia",

ellos desearían asesinar, quemar en la hoguera o desterrar a tales apóstoles. En cuanto a creerles y abandonar sus propios artificios, de esto no hay esperanza; no sucederá.

Los turcos siguen el mismo patrón en su culto, al igual que todos los fanáticos. Judíos, turcos, papistas, radicales abundan por todas partes. Todos ellos afirman ser la iglesia y el pueblo de Dios en

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