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nydus/On the Jews and Their LiesPublic
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Martín Lutero: Sobre los judíos y sus mentiras

los corazones mendaces de estos mentirosos incorregibles impugnan falsamente la veracidad del ángel Gabriel. ¡Ay, qué tregua! ¿Qué paz? Leed a Josefo y a los libros de historia y aprenderéis que los romanos mataron a muchos miles de judíos mucho tiempo antes, y que no hubo paz hasta el momento en que se vieron obligados a destruir Jerusalén y el país.

La décima y última mentira se refiere a la afirmación de que la destrucción de Jerusalén durará hasta el fin de la lucha. Interpretan esto en el sentido de: hasta la lucha de su Mesías, quien matará a Gog y Magog y conquistará todo el mundo.

Esta es una mentira vil y miserable que nace muerta. Que sepan aquellos que sostienen que el Mesías apareció antes del vencimiento de las setenta semanas que semejante mentira fue desacreditada hace ya quince siglos.

Así pues, los judíos no conservan intacta ni una sola palabra de la declaración de Gabriel; pervierten todas sus palabras convirtiéndolas en mentiras, a excepción de la profecía del ángel sobre la destrucción de Jerusalén. Pero nadie tiene que agradecerles que crean en eso y admitan su verdad ahora.

Mientras aún habitaban en Jerusalén, creían en esta profecía aún menos de lo que creen ahora en nuestro Mesías, a pesar de que fue predicha con bastante claridad, aquí en Daniel 9 así como en Zacarías 14. Si todavía vivieran en Jerusalén hoy, inventarían cien mil mentiras antes de creer en ella, tal como lo hicieron sus antepasados antes de la primera destrucción.

A estos últimos ningún profeta los persuadió de que la ciudad santa de Dios sería arrasada. Los acosaron, deliraron como perros rabiosos hasta que se encontraron cara a cara con el cumplimiento de la profecía. Este ha sido siempre un pueblo obstinado, incrédulo, orgulloso, vil e incorregible, y así sigue siendo para siempre.

De todo esto colegimos que Daniel, con sus setenta semanas, adopta nuestra postura contra las mentiras y la insensatez de los judíos, una postura tan fiable y firme como un muro de hierro y una roca inamovible, al afirmar que el verdadero Mesías ya debió de venir antes de la conclusión de las setenta semanas; que fue muerto y devuelto a la vida; que cumplió la alianza de Dios (pues ¿por qué habría de hablar Daniel aquí de la alianza de los gentiles, la cual, además, ni siquiera existía en aquel entonces?) en la última semana; que con ello se despidió de la ciudad y del pueblo al final de las setenta semanas; que la ciudad fue arrasada por los romanos poco después; que el pueblo fue destruido, junto con su gobierno y todo lo que tenía, todo ello de conformidad con las palabras del ángel: «Setenta semanas de años están decretadas o computadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad» [Dan. 9:24]. ¡Pero ya es suficiente!

Sin duda es necesario que los judíos mientan y tergiversen para mantener su error frente a un texto tan claro y poderoso. Sus mentiras anteriores se derrumbaron bajo su propio peso.

Pero incluso si mintieran durante cien mil años y llamasen a todos los demonios en su ayuda, aun así fracasarían. Pues es imposible nombrar a un Mesías en el tiempo de las setenta semanas, como requeriría la revelación de Gabriel, que no sea nuestro Señor Jesucristo.

Estamos seguros, ciertos y alegres respecto a esto, mientras chasqueamos los dedos ante todas las puertas del infierno y las desafiamos, junto con todas las puertas del mundo y todo aquello que quiera ser o pueda ser exaltado, astuto y sabio contra nosotros. Yo, un simple e insignificante santo en Cristo, me atrevo a oponerme a todos ellos en solitario y a defender este punto de vista con facilidad, comodidad y alegría.

Sin embargo, es imposible convertir al diablo y a los suyos, ni se nos ordena intentar esto. [154]

Basta con desenmascarar sus mentiras y revelar la verdad. Quien no sea movido a creer en la verdad por causa de su propia alma, ciertamente no la creerá por causa de la mía.

Nos limitaremos por el momento a estos cuatro textos_ los de Jacob, David, Hageo y Daniel_en los cuales vemos qué gran trabajo han hecho los judíos durante estos mil quinientos

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