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nydus/On the Jews and Their LiesPublic
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Martín Lutero: Sobre los judíos y sus mentiras

secretamente retirado, ocultado en el templo y criado por la excelente Josabet, esposa del sumo sacerdote Joiada, hija del rey Joram y hermana del rey Ocozías, a quien Jehú mató.

Aquí el pacto eterno de Dios hecho con David corría ciertamente un gran peligro, descansando sobre un muchacho oculto, que estaba lejos de ocupar el trono de David.

En este tiempo su casa se parecía a una linterna sorda en la que la luz está apagada, ya que una reina extranjera, una gentil de Sidón, estaba sentada y reinando en el trono de David.

¡Sin embargo, se quemó bien las posaderas en ese trono!

Aun así, todo esto no significaba que el cetro se hubiera apartado ni que el pacto eterno de Dios se hubiera roto. Pues incluso si la luz de David no brillaba con intensidad en ese momento, seguía parpadeando en aquel niño Joás, quien volvería a brillar con fuerza en el futuro y a gobernar. Ya había nacido como hijo de David, y estos seis años no eran más que una tentatio, una tentación.

Dios a menudo da la impresión de que no se acuerda de su palabra y nos está fallando. Esto hizo con Abraham cuando le mandó reducir a cenizas a su querido hijo Isaac, en quien, después de todo, se encarnaba la promesa divina de la simiente eterna.

Asimismo, cuando sacó a los hijos de Israel de Egipto. De hecho, parecía conducirlos a la muerte, con el mar delante de ellos, altos acantilados a ambos lados y el enemigo a sus espaldas bloqueando su vía de escape.

Pero los acontecimientos se desarrollaron conforme a la palabra y las promesas de Dios; el mar tuvo que abrirse, apartarse y abrirles paso. Si el mar no lo hubiera hecho, los acantilados se habrían tenido que partir en dos y abrirles un camino, y habrían estrujado y aplastado al Faraón entre ellos, tal como el mar ahogó al enemigo.

Porque todas las criaturas preferirían perecer un millón de veces antes de que la palabra de Dios fallara y engañara, por extrañas que parezcan las cosas.

Así Joás es rey mediante y en la palabra de Dios, y ocupa el trono de David ante Dios, aunque todavía esté en la cuna, sí, incluso aunque yaciera muerto y enterrado bajo tierra; pues a pesar de todo tendría que resucitar, como Isaac, de las cenizas.

De este modo también podríamos explicar aquella historia de los Macabeos; pero esto es innecesario, pues tiene un significado completamente diferente. El cautiverio babilónico podría verse de manera similar; sin embargo, gracias a espléndidos profetas y milagros, la situación en ese entonces era mucho más brillante.

Pero Joás supuso una terrible tentación para la casa de David, en contra del pacto y del juramento de Dios, a pesar de que la casa y el dominio de David aún florecían; era solo el gobernante, o la cabeza, el que estaba sufriendo y el que titubeaba en el pacto de Dios.

Pero esta es la manera de su gracia divina, que a veces juega y bromea con los suyos. Se esconde y se disfraza para ponernos a prueba y ver si nos mantendremos firmes en la fe y en el amor hacia él, tal como a veces lo hace un padre con sus hijos. Semejante broma de nuestro Padre celestial nos duele inmensamente, ya que no la entendemos. Sin embargo, esto está fuera de lugar aquí.

Hemos estado hablando de una declaración de Jeremías. Ahora dirigiremos nuestra atención a uno de los últimos profetas.

En Hageo 2:6-9 leemos:

"Porque así dice el Señor de los ejércitos: De aquí a poco, por una vez más, haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, para que venga la consolación de los gentiles (chemdath), y llenaré de gloria esta casa, dice el Señor de los ejércitos. Mía es la plata, y mío es el oro, dice el Señor de los ejércitos. La gloria de esta segunda casa será mayor que la primera, dice el Señor de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice el Señor de los ejércitos."

Este es otro de esos pasajes que causan un intenso dolor a los judíos. Lo examinan, lo retuercen, interpretan y distorsionan casi cada palabra, tal como lo hacen con la declaración de Jacob en el Génesis 49. Pero

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