LA USURA ESCLAVIZA AL PRESTATARIO.
Timón de Atenas dijo: «No hay usurero que no tenga a un necio por esclavo».
El prestatario sin usura pierde su espíritu libre e independiente y se vuelve servil y abyecto, pero cuando se pagan intereses se incrementa la severidad de la servil servidumbre.
El lacayo no solo debe cuidar de la caza obtenida, sino que debe añadir a la saca con su propia cacería. No solo cuida de los peces que su amo pescó, sino que debe añadir a la cesta con su propia pesca. El ayuda de cámara no solo debe conservar perfectamente la ropa de su amo, sino que debe añadir a su guardarropa.
El prestatario del usurero debe proteger y preservar cada céntimo del valor de la propiedad o los bienes, y también debe aumentar la cantidad.
La estimación que hizo «Timón de Atenas» de la condición mental de la persona que se somete a semejante imposición debe admitirse como bastante justa, para ser un pagano.
A partir de la práctica casi universal de la usura y del vasto número de esclavizados, también debemos admitir que Salomón, el hombre más sabio que jamás haya vivido, sabía lo que decía cuando, con astucia, nos llamó a todos necios en su proverbio: «El corazón del sabio está a su mano derecha, pero el corazón del necio a su izquierda».
El objetivo del usurero al hacer un préstamo es asegurar el servicio del prestatario; podrá llamarse favor, oportunidad, facilidad, pero ese es su