que estaba bajo la condenación de Dios, no podría haber sido anulada o suspendida por el Maestro divino que de este modo une y abraza como a una sola familia a toda la raza humana. Los lazos de la hermandad cristiana no son menos fuertes que los lazos de la sangre hebrea. Los conversos de la fe pagana a la cristiana no son menos queridos para el misionero de lo que los prosélitos de la fe hebrea lo eran para los fariseos. El extranjero que llega a una comunidad cristiana no debe ser tratado con menor justicia y bondad que el árabe errante que paseaba por Jerusalén para comerciar. No puede ser que la relación entre cristianos sea como aquella entre el hebreo y los cananeos criminales que fueron condenados por delitos graves y bajo sentencia de muerte. Así como la usura era repugnante a ese espíritu de justicia y amor fraternal que imperaba en el Estado hebreo, mucho más lo es a esa hermandad más estrecha a la que nos atrae el Señor divino.
- De nuevo, Él era un amigo de los pobres y humildes. Esto fue anunciado por el cántico de la virgen, cuando se le aseguró que ella sería la madre del Salvador. Lucas 1:51, 52, 53:
"Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos."
Los profetas predijeron que Él sería el amigo de los pobres. Él le señaló a Juan el cumplimiento de estas profecías como prueba de su condición de Mesías.
En su primer discurso para explicar la nueva dispensación comenzó diciendo: "Bienaventurados los pobres en espíritu". La traducción literal sería: "Bienaventurados los pobres, respecto al Espíritu". Este es el dativo singular con el artículo determinado. Él está