Sabemos algunas cosas que ellos no sabían y hemos mejorado nuestras herramientas, pero el mundo natural no ha dado señales de cambio.
- La relación de las cosas entre sí no ha cambiado. Las plantas necesitan tierra para crecer, los animales necesitan vegetación de la cual alimentarse. Los peces necesitan agua. Y así ocurre con los miles de relaciones de clima, elementos, suelos, plantas, animales, peces, aves e insectos; son exactamente las mismas relaciones que se mantenían hace eras y eras.
- La naturaleza del dinero no ha cambiado. Su material, su forma y sus denominaciones se han modificado, pero las funciones del dinero como reserva de valor, como medida de valor y como medio de cambio siguen siendo las mismas. Nuestro dinero de oro, plata y papel podrá ser más cómodo y más exacto, pero sus funciones son exactamente las mismas que las del wampum de los indios.
La ley de la oferta y la demanda y la equidad en las transacciones comerciales, grandes o pequeñas, no han cambiado. El dinero siempre pudo usarse para ganar o juntar más dinero en los negocios. Esto no es más cierto ahora que en los tiempos de David o Nehemiah. Si esto no hubiera sido posible entonces; si no hubiera habido oportunidades tentadoras, no habría existido el pecado de la usura que ellos debían reprochar.
Las condiciones cambiadas del hombre no son más que insignificantes y secundarias, relativas a él mismo. No afectan a una sola ley natural, moral o económica.
Las condiciones cambiadas, que se aducen como razón de que la prohibición de la usura ya no sea vinculante, son únicamente las condiciones provocadas por la violación de esa ley.