Se da a entender claramente que el incremento inmerecido, cosechar y recoger sin sembrar, se podía obtener a través de los cambistas. Si esto era lo que se exigía, el siervo podría haberlo conseguido sin esfuerzo alguno por su parte. Su acusación contra el amo era una mera pretensión para excusar su propia falta de fidelidad personal, y la respuesta del amo se ajustó a dicha pretensión.
Esto está en total armonía con la opinión que nuestro Señor expresó de los cambistas cuando los llamó ladrones y los echó del templo. Sería totalmente incongruente que él aconsejara a un siervo honrado y fiel que pusiera una parte de los bienes en sus manos. Su consejo solo puede provenir del punto de vista de un amo deshonesto, como su siervo lo llamó.
La parábola de las minas muestra los grados de fidelidad en aquellos que tienen iguales oportunidades. Con las mismas oportunidades uno puede superar con creces a otro; debido a que es más fiel a su encomienda, su recompensa es proporcionalmente mayor.
En esta parábola, cada siervo recibió lo mismo, pero las ganancias y las recompensas difieren.
Por su diligencia, uno ganó diez libras y es alabado y recibe autoridad sobre diez ciudades.
Otro ganó cinco libras. También es alabado y recibe autoridad sobre cinco ciudades.
Otro, que no había prestado servicio, vino con su libra pero sin aumento. Esta fue una prueba de su infidelidad. Se esfuerza por escudarse como el siervo con el talento, acusando a su amo de injusticia y opresión.
"Te temía, porque eres hombre austero: tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste".