Los cambistas no eran mucho más que los pawn-brokers de hoy en día y un banco era una casa de empeños donde se guardaban las prendas. El dinero prestado sobre cualquier prenda era mucho menor que su valor total. El incremento del préstamo pronto lo hacía superar el valor de la prenda, la cual entonces se confiscaba, y el empeño era vendido por el corredor.
En estas parábolas se insiste, ya que con tanta frecuencia se malinterpretan y se malaplican.
En un voluminoso libro sobre "Banca", el autor encontró citadas las palabras del maestro: "¿Por qué pues no diste mi dinero al banco, para que al venir yo lo hubiera demandado con los intereses?". Y se citaron como una solemne directiva del divino Maestro para depositar dinero en el banco.
Citar estas parábolas en defensa de la usura es una tergiversación de la verdad tan flagrante como la famosa cita para demostrar que Pablo fomentaba el robo.
"El que robaba, que robe."
Las lecciones de estas parábolas están en total armonía con la ley de Moisés y las enseñanzas de los profetas y de Nehemías. En estas parábolas, el usurero se presenta como un hombre duro, que exige lo que no ha ganado y a lo que no tiene derecho.
Las enseñanzas del Maestro no permitían lo que había sido prohibido en todas las épocas.