las familias de Jacob, no tenían herencia de tierras. Los rebuscos del campo y la gavilla suelta se dejaban para los huérfanos, los pobres y estos extranjeros prosélitos. Pero debían ser recibidos con amor y tratados en todo respecto como los nacidos de su propia sangre. Éx. 12:48, 49: «Y cuando algún extranjero morare contigo, y quisiere celebrar la pascua a Jehová, séanse circuncidados todos los varones suyos, y entonces se acercará a celebrarla, y será como un nativo de la tierra; pero ningún incircunciso comerá de ella. La misma ley será para el nativo, y para el extranjero que habitare entre
Lev. 24:22: "Un mismo estatuto tendréis, así para el extranjero como para el natural; porque yo soy Jehová vuestro Dios."
"Y si el extranjero morare entre vosotros, y celebre la pascua a Jehová, conforme al rito de la pascua y conforme a sus leyes la celebrará; un mismo rito tendréis, así para el extranjero como para el natural de la tierra."
"Un mismo estatuto tendréis vosotros de la congregación y el extranjero que con vosotros mora; será estatuto perpetuo por vuestras generaciones; como vosotros, así será el extranjero delante de Jehová. Una misma ley y un mismo derecho tendréis, vosotros y el extranjero que con vosotros mora."
De estos extraños se dice explícitamente que han de ser tratados exactamente como hermanos de su propia sangre.
Lev. 25:35, 36:
"Y si tu hermano empobreciere, y estuviere desvalido a tu lado, tú lo sustentarás; así el extranjero como el peregrino, para que viva contigo. No tomes de él usura ni ganancia, sino teme a tu Dios; y tu hermano vivirá contigo."