atentamente, captando y temiendo cada sonido como si fuera a anunciar la aproximación del cadáver demoníaco al que tan miserablemente había dado vida.
¡Oh! Ningún mortal podría soportar el horror de ese semblante. Una momia dotada nuevamente de animación no podría ser tan espantosa como ese desgraciado. Lo había contemplado mientras estaba inacabado; era feo entonces; pero cuando aquellos músculos y articulaciones se volvieron capaces de movimiento, se convirtió en algo que ni siquiera Dante habría podido concebir.
Pasé la noche miserablemente.
- A veces mi pulso latía tan rápida y fuertemente que sentía la palpitación de cada arteria;
- en otras ocasiones, casi me derribaba la desgana y la debilidad extrema.
Mezclada con este horror, sentí la amargura de la desilusión; los sueños que habían sido mi alimento y mi apacible descanso durante tanto tiempo se habían convertido ahora en un infierno para mí; ¡y el cambio fue tan rápido, la ruina tan completa!
La mañana, lúgubre y húmeda, al fin amaneció y dejó ver a mis ojos insomnes y doloridos la iglesia de Ingolstadt, con su chapitel blanco y su reloj, que marcaba las seis.
El portero abrió las puertas del patio que había sido mi asilo aquella noche, y salí a las calles, recorriéndolas a paso rápido, como si intentara evitar al desdichado que temía que me saliera al paso en cada esquina.
No me atreví a regresar a la habitación donde vivía, sino que me sentí impulsado a seguir adelante, a pesar de estar empapado por la lluvia que caía de un cielo negro y desolado.