menudo, a imitación de los escritores persas y árabes, inventaba relatos de maravillosa fantasía y pasión. En otras ocasiones repetía mis poemas favoritos, o me empujaba a debatir, lo cual sostenía con gran ingenio.
Regresamos a nuestra universidad un domingo por la tarde: los campesinos estaban bailando, y todos los que encontrábamos parecían alegres y felices. Mis propios ánimos estaban por las nubes, y avanzaba a saltos con sentimientos de desatada alegría y júbilo.