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nydus/On Growth and FormPublic
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Chapter III. The Rate of Growth

Y parecería que a ella podemos atribuir una parte considerable de la diferencia entre el crecimiento del organismo y el crecimiento más simple del cristal89: * el hecho, por ejemplo, de que la célula puede crecer en una concentración muy baja de su solución nutritiva, mientras que el cristal crece únicamente en una sobresaturada; * y el hecho fundamental de que la solución nutritiva solo necesita contener las materias más o menos primas de los constituyentes complejos de la célula, mientras que el cristal crece únicamente en una solución de su propia

Como F. F. Blackman ha señalado, la multiplicación de un organismo, por ejemplo el aumento prodigiosamente rápido de una bacteria, {133} que tiende a duplicar su número cada pocos minutos, hasta que (a no ser por los factores limitantes) su número sería casi incalculable en un día91, es una ilustración sencilla pero de gran impacto de las potencialidades de la catálisis protoplasmática; y (prescindiendo de la gran parte que corresponde a la mera «turgencia» o imbibición de agua) lo mismo ocurre con el crecimiento, o multiplicación celular, de un organismo multicelular en su primera etapa de aceleración rápida.

No es necesario que prosigamos mucho más con este tema, pues resulta suficientemente claro que la «curva de crecimiento» normal de un organismo, en todos sus rasgos generales, se parece mucho a la curva de velocidad de la autocatálisis química. Vemos en ella la primera y más típica fase de una aceleración cada vez mayor; a esta le sigue una fase en la que las condiciones limitantes (cuyos detalles se desconocen prácticamente) conducen a una disminución de la aceleración anterior; y en la mayoría de los casos llegamos por fin a una tercera fase, en la que a la ralentización del crecimiento le sucede una disminución real de la masa. Aquí podemos reconocer la influencia de procesos, o de productos, que se han vuelto realmente perjudiciales; su influencia perjudicial se contiene por un tiempo, a medida que el organismo recurre a sus reservas acumuladas, pero no tardan en llevar al cese de toda actividad y al fenómeno físico de la muerte. Pero una vez que hemos admitido que las condiciones limitantes del crecimiento, que hacen que una fase de ralentización siga a una fase de aceleración, son muy imperfectamente conocidas, es evidente que, ipso facto, debemos admitir que lo único que podemos afirmar con seguridad por el momento es un parecido más que una identidad entre este fenómeno y el de la autocatálisis química. De hecho, como ha demostrado Enriques, no faltan puntos de contraste entre los dos fenómenos; por ejemplo, a medida que la reacción química se acerca a su fin, esto ocurre por la consecución gradual del equilibrio químico; pero cuando el crecimiento orgánico se acerca a su fin, es debido a un tipo de equilibrio muy diferente, debido principalmente a la diferenciación gradual del organismo en partes, entre cuyas funciones peculiares {134} y especializadas la de la multiplicación celular tiende a quedar en suspenso92.

Parece deducirse, como consecuencia natural de lo que se ha dicho, que podríamos reducir sin gran dificultad nuestras curvas de crecimiento a fórmulas logarítmicas93 similares a aquellas que el físico-químico considera aplicables a sus reacciones autocatalíticas.

Esto ha sido intentado diligentemente por varios autores94; pero los resultados, aunque no destruyen la hipótesis en sí misma, solo son parcialmente exitosos. La dificultad surge principalmente del hecho de que, en el ciclo vital de un organismo, por lo general tenemos que habérnoslas (como de hecho hemos visto) con varios periodos recurrentes de aceleración y deceleración relativas. Es fácil encontrar una fórmula que satisfaga las condiciones durante cualquiera de estas fases periódicas, pero resulta muy difícil formular una ecuación global que se aplique a todo el periodo de crecimiento o a toda la duración de la vida.

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