adsorbida, puede desplazar de la capa adsortiva un material al que se debía la rigidez de la película. De este modo, una sustancia «batitónica» como el éter hace que la mayoría de las espumas disminuyan, y el vertido de aceite en aguas turbulentas no solo calma las olas, sino que disipa aún más rápidamente la espuma de los rompientes. El proceso de ruptura de una red alveolar, como el que ocurre en cierta etapa de la división nuclear de la célula, tal vez pueda atribuirse en parte a tal causa, así como a la reducción directa de la tensión superficial por acción eléctrica.
Nuestra última ilustración nos ha devuelto al tema de un capítulo anterior, a saber, la configuración visible del interior de la célula; y en relación con este amplio tema existen muchos fenómenos sobre los cuales arroja aparente luz nuestro conocimiento de la adsorción, y de los cuales tomamos poca o ninguna cuenta en nuestra discusión anterior. Uno de estos fenómenos es esa «polaridad» visible o concreta, que ya hemos visto que está asociada de algún modo con una polaridad dinámica de la célula.
Esta polaridad morfológica puede ser de un tipo muy sencillo, como cuando, en una célula epitelial, se manifiesta por la forma exterior de la propia célula alargada o columnar, por la diferencia esencial entre su superficie libre y su base fijada, o por la presencia en las inmediaciones de la primera de productos mucosos u otros de la actividad de la célula. Pero en una gran cantidad de casos, esta simetría «polarizada» se ve complementada por la presencia de varias fibrillas, o de disposiciones lineales de partículas, que en la célula alargada o «monopolar» corren paralelas a su eje, y que tienden a una disposición radial en la célula más o menos redondeada o esférica. En los últimos años especialmente, se ha concedido una importancia enorme a estas diversas disposiciones lineales o fibrilares, tal como aparecen (tras la tinción) en la sustancia celular del epitelio intestinal, de los espermatocitos, de las células ganglionares y, de forma más abundante y frecuente que ninguna, en las células glandulares. Se les han atribuido diversas funciones, que parecen elegidas de manera algo arbitraria, y se les han dado muchos nombres difíciles; pues estas estructuras ahora engloban a vuestras mitocondrias y vuestros condriocontos (ambas variedades {285} de condriosomas), vuestros gránulos de Altmann, vuestros microsomas, seudocromosomas, fibrillas epidérmicas y filamentos basales, vuestro arqueoplasma y ergastoplasma, y probablemente vuestros idiozomas, plasmosomas y muchas otras minucias histológicas10.
La posición de estos cuerpos con respecto a las demás estructuras celulares se describe cuidadosamente. A veces se encuentran en la vecindad del núcleo mismo, es decir, en las proximidades de la superficie límite fluida que separa el núcleo del citoplasma; y en esta posición forman a menudo una esfera algo nubosa que constituye el Nebenkern. En la mayoría de los casos, al igual que en las células epiteliales, forman estructuras filamentosas