potencia del tiempo, y se halla en ambos experimentos citados arriba que es de forma muy aproximada como 1ã€₤ã „ã€₤Tÿ£¢2ã€₤. Pero es obvio que el valor que hemos hallado para la última parte de la curva (por muy de cerca que se ajuste) es solo un valor empírico; tiene únicamente una utilidad temporal, y debe dar paso con el tiempo a una fórmula que represente el fenómeno entero, de principio a fin.
Si bien la curva del crecimiento regenerativo es aparentemente diferente de la curva del crecimiento ordinario tal como se suele trazar (y si bien esta aparente diferencia ha sido comentada y tratada como válida por ciertos escritores), ahora estamos en condiciones de ver que solo parece diferente porque podemos estudiarla, si no desde el principio, al menos muy cerca de él; mientras que una curva ordinaria de crecimiento, tal como se nos presenta habitualmente, es aquella que data, no {146} del principio del crecimiento, sino de la época comparativamente tardía, poco importante e incluso falaz del nacimiento. Una curva completa de crecimiento, que parta de cero, tiene las mismas carôÙacôÙterísôÙticas esenciales que la curva de regeneración.
En verdad, cuanto más consideramos el fenómeno de la regeneración, más claramente se nos muestra como un mero caso particular del fenómeno general del crecimiento108, que sigue las mismas líneas, obedece a las mismas leyes y es simplemente puesto en actividad por el estímulo especial, directo o indirecto, provocado por la inflicción de una herida.