los animales que son de tamaños muy diferentes de adultos difieren cada vez menos en tamaño (así como en forma) a medida que los rastreamos hacia atrás a través de las etapas fetales.
Aunque estudiamos los efectos visibles de las variadas tasas de crecimiento en casi todos los problemas de la morfología, no es muy frecuente que podamos medir directamente las velocidades de que se trata.
Pero debido a la evidente importancia subyacente que el fenómeno tiene para el morfólogo, debemos apañárnoslas para estudiarlo donde podamos, aunque nuestros casos ilustrativos parezcan tener poca relación inmediata con el problema morfológico15.
En un organismo muy sencillo, de simetría esférica, como la sola célula esférica de Protococcus o de Orbulina, el crecimiento se reduce a sus términos más simples y, de hecho, se vuelve tan simple en sus manifestaciones externas que ya no es de especial interés para el morfólogo. La tasa de crecimiento se mide por la tasa de cambio en la longitud de un radio, es decir, V =ã€₤(Rÿ£¢ã€ý ㈒ã€₤R)ã€₤ã „ã€₤T, y a partir de esto podemos calcular, como ya se ha indicado, la tasa de crecimiento en términos de superficie y de volumen. El cuerpo en crecimiento conserva una forma constante, debido a la simetría del sistema; porque, es decir, por un lado la presión ejercida por el protoplasma en crecimiento se ejerce por igual en todas las direcciones, a la manera de una presión hidrostática, que de hecho lo es en realidad: mientras que, por otro lado, la «piel» o capa superficial de la célula es lo suficientemente {60} homogénea como para ejercer en cada punto una resistencia aproximadamente uniforme. Bajo estas condiciones, por tanto, la tasa de crecimiento es uniforme en todas las direcciones y no afecta a la forma del organismo.
Pero en un organismo mayor o más complejo, el estudio del crecimiento, y de la tasa de crecimiento, nos presenta una variedad de problemas, y el fenómeno entero se convierte en un factor de gran importancia morfológica. Ya no encontramos que tienda a ser uniforme en todas las direcciones, ni tenemos derecho a esperar que lo sea.
Las resistencias con las que tropieza dejarán de ser uniformes.
En una dirección, pero no en otras, se verá obstaculizado por la importante resistencia de la gravedad; y dentro del propio sistema en crecimiento entrarán en juego toda clase de diferencias estructurales, oponiendo resistencias desiguales al crecimiento debido a la variada rigidez o viscosidad de la sustancia material en una u otra dirección.
Al mismo tiempo, las fuentes reales del crecimiento, las fuerzas químicas y osmóticas que conducen a la intususcepción de nueva materia, no están distribuidas uniformemente; un tejido o un órgano bien pueden manifestar una tendencia a aumentar mientras otro no lo hace; una serie de huesos, sus cartílagos intermedios y sus músculos circundantes pueden ser capaces de tasas de incremento muy diferentes.
Las diferencias de forma que son resultantes de estas diferencias en la tasa de crecimiento se manifiestan especialmente durante esa parte de la vida en la que el crecimiento mismo es rápido: cuando el organismo, como decimos, está experimentando su desarrollo.
Cuando el crecimiento en general se ha vuelto lento, las diferencias relativas en la tasa entre las distintas partes del organismo aún pueden existir, y pueden hacerse patentes mediante una observación cuidadosa, pero en muchos, o tal vez en la mayoría de los casos, el cambio resultante de forma no salta a la vista.