por ciento; y el hígado del 4ôñ57 al 2ôñ75 por ciento del peso corporal total.
Es evidente, pues, que no existe una relación simple y directa, válida a lo largo de toda la vida, entre el tamaño del cuerpo en su conjunto y el de los órganos que acabamos de tratar; y la proporción cambiante de magnitud es especialmente notable en el caso del cerebro, el cual, como acabamos de ver, constituye aproximadamente una octava parte del peso corporal total al nacer, y tan solo una cincuentenauta parte a los veinticinco años. El mismo cambio de proporción se observa en otros animales, en igual o incluso mayor grado. Por ejemplo, Max Weber41 nos dice que en el león, a las cinco semanas, a los cuatro meses, a los once meses y, por último, en su etapa adulta, el peso del cerebro representa las siguientes fracciones del peso de todo