otras fuerzas son relativamente poco importantes, es decir, donde la «energía superficial» es una fracción considerable de la energía total del sistema; y esto, en general, será el caso cuando tratemos con porciones de líquido tan pequeñas que sus dimensiones se encuentren dentro de lo que hemos llamado rango molecular, o, más en general, en el que la «superficie específica» sea grande19: en otras palabras, serán organismos pequeños o diminutos, o los pequeños elementos celulares de organismos más grandes, cuyas formas estarán gobernadas por la tensión superficial; mientras que las formas generales de los organismos más grandes se deberán a otras fuerzas no moleculares. Por ejemplo, una gran superficie de agua se nivela porque aquí la gravedad es predominante; pero la superficie del agua en un tubo estrecho está claramente curvada, por la razón de que aquí estamos tratando con partículas que se encuentran mutuamente dentro del rango de las fuerzas moleculares de las otras. Lo mismo ocurre con las superficies celulares y las particiones celulares que vamos a estudiar próximamente, y el efecto de la gravedad será contrarrestado y ocultado especialmente cuando, como en el caso del protoplasma en un fluido acuoso, el objeto está sumergido en un líquido de casi su propia gravedad específica.
Ya hemos aprendido, como ley fundamental de los fenómenos de tensión superficial, que una película líquida en equiôÙlibôÙrio adopta una forma que le otorga un área mínima bajo las condiciones a las que está sujeta. Y estas condiciones incluyen (1) la forma del límite, si este existe, y (2) la presión, si la hay, a la que la película está sujeta; presión que está estrechamente relacionada con el volumen, de aire o de líquido, que la película (si es cerrada) pueda tener que contener. En el más simple de los casos, cuando tomamos una película de jabón en un anillo de alambre plano, la película está expuesta a una presión atmosférica igual en ambos lados, y obviamente tiene su área mínima en la forma de un plano. Mientras nuestro anillo de alambre permanezca en un plano (por muy irregular que sea en su contorno), la película extendida a través de él seguirá estando en un plano; pero si doblamos el anillo de modo que ya no esté en un plano, entonces nuestra película se curvará en una superficie que puede ser extremadamente complicada, pero que sigue siendo la superficie más pequeña {216} posible que se puede trazar de manera continua a través del límite irregular.
La cuestión de la presión implica no solo las presiones externas que actúan sobre la película, sino también la que la película misma es capaz de ejercer. Pues hemos visto que la película siempre se está contrayendo hasta sus límites más pequeños; y cuando la película está curvada, esto obviamente conduce a una presión dirigida hacia adentro, esto es, perpendicular a la superficie de la película. En el caso de la burbuja de jabón, cuya contracción uniforme de la superficie ha dado lugar a su forma esférica, esta presión se equilibra con la presión del aire del interior; y si se da una salida a este aire, entonces la burbuja se contrae con fuerza perceptible hasta extenderse a lo largo de la boca del tubo, por ejemplo, la boca de la pipa a través de la cual hemos soplado la burbuja. Una presión precisamente similar, dirigida hacia adentro, es ejercida por la capa superficial de una gota de agua o un glóbulo de mercurio, o por la película superficial en una porción o «gota» de protoplasma. Solo que debemos recordar siempre que en la burbuja de jabón, o la burbuja que sopla un soplador de vidrio, hay una presión doble en comparación con la que la película superficial ejerce sobre la gota de líquido de la que forma parte; pues la burbuja consta (a menos que sea tan delgada como para consistir en una mera capa de moléculas20) de una capa líquida, con una superficie libre en el interior y otra en el exterior, y cada una de estas dos superficies ejerce su propia tensión independiente y equiparada, y corôÙrespoôÙndiente presión21.
Si estiramos una cinta sobre una mesa plana, cualquiera que sea la tensión de la cinta, es evidente que esta no ejerce ninguna presión sobre la mesa de abajo. Pero si la estiramos sobre una superficie curva , un cilindro por ejemplo, sí ejerce una presión hacia abajo; y cuanto más curva es la superficie, mayor es esta presión, es decir, mayor es esta porción de la fuerza total de tensión que se descompone en la dirección descendente. En