la ordenada) se aproxima al 75 por ciento; y todas las curvas parten de cero, pues no se regenera nada cuando no se ha extirpado nada. Cada curva se aproxima en su forma a una parábola cúbica.
La cantidad regenerada varía también con la edad del renacuajo y con otros factores, como la temperatura; en otras palabras, para cualquier edad o tamaño dado de renacuajo y también para varias temperaturas específicas, podría construirse un diagrama similar.
El poder de reproducir, o regenerar, un miembro perdido está particularmente bien desarrollado en los animales artrópodos, y a veces se acompaña de una modificación notable en la forma del miembro regenerado. Un caso relevante, que ha llamado mucho la atención, se da en relación con las pinzas de ciertos crustáceos112.
En muchos Crustacea tenemos una asimetría de las grandes pinzas, siendo una mayor que la otra y también más o menos diferente en su forma. Por ejemplo, en la langosta común, una pinza, la mayor de las dos, está provista de unos cuantos dientes grandes de 〜trituración〠, mientras que la pinza más pequeña tiene dientes más numerosos, pequeños y serrados. Aunque Aristóteles pensaba de otro modo, parece que la pinza trituradora puede estar en el lado derecho o izquierdo, indiferentemente; el que esté en una u otra es un problema de 〜azar.〠Ocurre de otro modo en muchos otros Crustacea, en los que la pinza mayor y más potente es siempre izquierda o derecha, según el caso, de acuerdo con la especie: donde, en otras palabras, la 〜probabilidad〠de que la pinza grande o la pequeña sea izquierda o sea derecha equivale a la certeza113.
Una pinza es la mayor porque ha crecido más rápidamente; {150} tiene un «coeficiente de crecimiento» mayor y, por consiguiente, a medida que avanza la edad, la desproporción entre ambas pinzas se hace más y más evidente. Además, debemos suponer que la forma caracterísôÙtiôÙca de la pinza es una «función» de su magnitud; la tuberosidad es un fenómeno coincidente con el crecimiento, y nunca, bajo ninguna circunstancia, encontramos la pinza más pequeña con grandes dientes trituradores y la pinza grande con pequeños dientes serrados. Hay muchos otros casos algo similares en los que el tamaño y la forma están manifiestamente correlacionados, y ya hemos visto, hasta cierto punto, que el fenómeno del crecimiento va acompañado de ciertas proporciones de velocidad que conducen inevitablemente a cambios de forma. Mientras tanto, pues, debemos limitarnos a suponer que la diferencia esencial entre las dos pinzas es de magnitud, a la cual va inseparablemente asociada una cierta diferenciación de forma.
Si amputamos una garra, o si, como a menudo sucede, el cangrejo 〜la desecha,〠este experimenta un proceso de regeneración,〔crece de nuevo, y evidentemente lo hace con una velocidad acelerada, cuya aceleración cesará cuando el equiôÙlibôÙrio de las partes se alcance una vez más: siendo la velocidad acelerada un claro ejemplo para ilustrar esa vis revulsionis de Haller, a la que ya nos hemos referido.
Con la ayuda de este principio, Przibram explica ciertos fenómenos curiosos que acompañan al proceso de regeneración. Como muestran sus experimentos y los de Morgan, si se extirpa la pinza grande o nudosa ( A ), hay ciertos casos, por ejemplo, en la langosta común, en los que se regenera directamente. En otros casos, por ejemplo, en Alpheus , la otra pinza ( B ) asume el tamaño y la forma de la que fue amputada, mientras que esta última se regenera a sí misma con la forma de la otra y más débil; A y B aparentemente han cambiado de lugar. En un tercer caso, como en los cangrejos, la pinza- A se regenera a sí misma como una pinza pequeña o- B , pero la pinza- B permanece inalterada durante un tiempo, aunque lenta y sucesivamente a lo largo de mudas