Como la mayor parte de la comunidad se divide en cuatro clases de personas: agricultores, artesanos, comerciantes y sirvientes asalariados; y como los que se emplean en la guerra también pueden dividirse en cuatro: los jinetes, los soldados de infantería pesada, los de infantería ligera y los marineros; allí donde la naturaleza del país permite un gran número de caballos, se puede establecer fácilmente una oligarquía poderosa, pues la seguridad de los habitantes depende de una fuerza de ese tipo, pero quienes pueden sufragar los gastos de los jinetes han de ser personas de considerable fortuna.
Donde las tropas son principalmente de infantería pesada, allí se puede establecer una oligarquía inferior en poder a la otra, ya que la infantería pesada está compuesta más bien por hombres acomodados que por pobres; en cambio, la infantería ligera y los marineros siempre contribuyen a sostener la democracia. Pero cuando el número de estos es muy grande y surge una sedición, los otros sectores de la comunidad combaten en desventaja; un remedio para este mal se puede aprender de los generales expertos, que siempre mezclan un número adecuado de soldados ligeros con su caballería e infantería pesada, pues es con aquellos como la plebe se impone a los hombres adinerados en una insurrección, ya que, al ser más ligeros, se enfrentan con facilidad a la caballería y a la infantería pesada; de modo que formar un cuerpo de tropas con ellos equivale, para una oligarquía, a formarlo contra sí misma. Mas como una ciudad se compone de personas de distintas edades, unas jóvenes y otras ancianas, los padres deben enseñar a sus hijos, desde muy pequeños, un ejercicio ligero y sencillo; y, cuando ya sean mayores, deben ser perfectos en todo ejercicio guerrero.
Ahora bien, la admisión del pueblo a cualquier participación en el gobierno debe estar regulada (como dije antes) por un censo, o bien, como en Tebas, permitida a quienes durante cierto tiempo han cesado en cualquier empleo mecánico, o como en Masalia, donde son elegidos según su mérito, ya sean ciudadanos o extranjeros.
Respecto a los magistrados de más alto rango que sea necesario tener en el Estado, los servicios que están obligados a prestar al público deben estipularse expresamente, para evitar que el vulgo desee aceptar sus empleos y también para inducirle a mirar a sus magistrados con favor cuando sepan el precio que pagan por sus honores.
También es necesario que los magistrados, al entrar en sus cargos, hagan sacrificios magníficos y erijan alguna estructura pública, para que el pueblo, al participar del banquete y ver la ciudad ornada con ofrendas votivas en sus templos y edificios públicos, contemple con agrado la estabilidad del gobierno; añádese a esto que los nobles verán registrada su generosidad. Pero hoy en día esta no es la conducta que siguen quienes están actualmente al frente de una oligarquía, sino la contraria, pues no están más ávidos de honor que de ganancia; por lo cual tales oligarquías pueden llamarse con mayor propiedad pequeñas democracias.
Así pues, [1321b] hemos explicado sobre qué principios deben establecerse la democracia y la oligarquía.
Ancla H2