bastante bien con estas. De modo que las proporciones aquí presentadas se mantendrán en lo fundamental, aunque difícilmente quepa esperar una comparación estricta y exacta. Tan lejos estoy de ello que no me cabe duda de que el agua que cae en forma de lluvia contiene en ciertas ocasiones una proporción mayor de materia terrestre que la que cae en otras. Un calor más potente e intenso debe necesariamente arrastrar una mayor cantidad de dicha materia junto con los vapores húmedos que forman la lluvia de lo que uno más débil y remiso jamás podrá. El agua de un manantial puede manar con una mayor carga de esta materia que la de otro; esto depende en parte de la rapidez de la ebullición del agua y en parte de la cantidad de dicha materia latente en los estratos por los cuales pasa el fluido, así como de la mayor o menor laxitud de dichos estratos. Por la misma razón, el agua de un río puede abundar en ella más que la de otro. Es más, el mismo río, cuando está muy agitado y en conmoción, debe arrastrar una mayor cantidad de ella que cuando se desplaza con menor rapidez y violencia. De que hay una gran cantidad de esta materia en los ríos, y de que contribuye enormemente a la fertilidad ordinaria de la Tierra, tenemos un ejemplo ilustre en el Nilo, el Ganges y otros ríos que anualmente desbordan las llanuras vecinas. Sus riberas muestran las cosechas más hermosas y abundantes de todo el mundo. Están incluso cargadas con la multitud de sus producciones, y a quienes no las hayan visto difícilmente se les podrá inducir a creer los poderosos rendimientos que tales extensiones producen en comparación con otras que no se benefician de inundaciones semejantes.
- *El agua solo sirve como vehículo para la materia terrestre que forma los vegetales, y