Estos males, por tanto —la gran pobreza, y esa pobreza muy poco relacionada con el mérito—, son el primer gran fracaso de los arreglos vigentes de la sociedad.
El segundo es la mala conducta humana; el crimen, el vicio y la insensatez, con todos los sufrimientos que traen consigo. Pues casi todas las formas de mala conducta, ya sean cometidas contra nosotros mismos o contra los demás, pueden atribuirse a una de tres causas:
- La pobreza y sus tentaciones en la mayoría;
- la ociosidad y el desœuvrement en la minoría cuyas circunstancias no las obligan a trabajar;
- una mala educación, o la falta de educación, en ambos.
Debe admitirse que los dos primeros son al menos fracasos en los arreglos sociales; el último es considerado hoy casi universalmente como culpa de dichos arreglos —podría decirse casi que un crimen—.
Estoy hablando de manera imprecisa y a grandes rasgos, pues un análisis más minucioso de las fuentes de los defectos de carácter y de los errores de conducta establecería de forma mucho más concluyente la filiación que los conecta con una organización defectuosa de la sociedad, aunque también mostraría la dependencia recíproca de ese estado defectuoso de la sociedad respecto a un estado atrasado de la mente humana.
En este punto, en la enumeración de los males de la sociedad, los meros niveladores de tiempos pasados solían detenerse; pero sus sucesores, más clarividentes, los actuales socialistas, van más allá. A sus ojos, el fundamento mismo de la vida humana tal como está constituida en la actualidad, el principio mismo sobre el cual se lleva a cabo ahora la producción y la repartición de todos los productos materiales, es esencialmente vicioso y antisocial. Es el principio del individualismo, la competencia, el sálvese quien pueda y contra todos los demás. Se basa en la oposición de intereses, no en la