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Introducción

armonía de intereses, y bajo él a cada uno se le exige encontrar su puesto mediante una lucha, empujando a los demás hacia atrás o siendo empujado por ellos.

Los socialistas consideran este sistema de guerra privada (como puede llamarse) entre todos y cada uno, especialmente fatal desde un punto de vista económico y moral.

Considerados moralmente, sus males son obvios. Es el progenitor de la envidia, el odio y toda falta de caridad; hace de cada cual el enemigo natural de todos los demás que se cruzan en su camino, y el camino de cualquiera está constantemente expuesto a ser cruzado.

Bajo el sistema actual casi nadie puede ganar sino mediante la pérdida o la desilusión de uno o de muchos otros. En una comunidad bien constituida cada uno saldría ganando con los esfuerzos exitosos de cualquier otra persona; mientras que ahora ganamos con la pérdida de los otros y perdemos con la ganancia de los otros, y nuestras mayores ganancias provienen de la peor fuente de todas, de la muerte, la muerte de aquellos que nos son más cercanos y deberían sernos más queridos.

En su funcionamiento puramente económico, el principio de la competencia individual recibe de los reformadores sociales una condena tan rotunda como en el moral. En la competencia de los trabajadores ven la causa de los bajos salarios; en la competencia de los productores, la causa de la ruina y de la quiebra; y ambos males, afirman, tienden constantemente a aumentar a medida que la población y la riqueza progresan; sin que (a su entender) nadie se beneficie salvo los grandes propietarios de tierra, los titulares de ingresos monetarios fijos y unos pocos grandes capitalistas, cuya riqueza les va permitiendo vender a precios más bajos que los demás productores, absorber el conjunto de las operaciones de la industria dentro de su propia esfera, expulsar del mercado a todos los empleadores de mano de

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