para averiguar el máximo que un buen trabajador puede hacer, fijen el precio del destajo tan bajo que, al hacer ese máximo, no pueda ganar más de lo que estarían obligados a darle como jornal por el trabajo ordinario.
Pero existe un remedio mucho más completo que el trabajo a destajo para las desventajas del trabajo asalariado, a saber, lo que hoy se denomina asociación industrial: la admisión de la totalidad de los trabajadores a una participación en los beneficios, mediante la distribución entre todos los que participan en la labor, en forma de un porcentaje sobre sus ganancias, de la totalidad o de una porción fija de las ganancias una vez que se ha concedido una cierta remuneración al capitalista.
Este plan ha demostrado una eficacia admirable, tanto en este país como en el extranjero. Ha ganado los sentimientos de los obreros empleados en favor de la consideración más esmerada por parte de todos ellos hacia los intereses generales de la empresa; y por su efecto conjunto en la promoción de un esfuerzo entusiasta y la contención del derroche, ha aumentado muy sustancialmente la remuneración de todo tipo de trabajo en las empresas en las que se ha adoptado.
Es evidente que este sistema admite una extensión indefinida y un aumento indefinido en la parte de los beneficios asignada a los trabajadores, sin llegar a aquel que dejaría a los administradores con un grado menor al necesario de interés personal en el éxito de la empresa. Es incluso probable que, cuando tales acuerdos se vuelvan comunes, muchas de estas empresas pasen en algún momento u otro, tras la muerte o el retiro del director, por medio de un acuerdo, al estado de asociaciones puramente cooperativas.
Parece ser, pues, que por lo que respecta a los motivos de esfuerzo en la masa general, el comunismo no tiene ninguna ventaja que no pueda alcanzarse bajo la propiedad privada, mientras que, en lo que atañe a los dirigentes, se halla en una desventaja considerable.