comerciales, el de dejar absoluta libertad a los comerciantes, les otorga un derecho absoluto de propiedad sobre los bienes con los que comercian: tienen derecho a retirarlos por completo, a acapararlos o incluso a quemarlos, tal como sucedió más de una vez con la Compañía de las Indias Orientales de Ámsterdam, que quemó públicamente existencias de canela para elevar el precio. Lo que hizo con la canela lo habría hecho con el trigo; de no ser por el miedo a ser apedreada por el populacho, habría quemado algo de trigo para vender el resto al cuádruple de su valor. De hecho, ocurre a diario en los puertos que se arrojen provisiones de grano al mar porque los comerciantes han permitido que se pudran mientras esperaban un alza. Yo mismo, cuando era empleado, he tenido que supervisar estos infames procedimientos, y en un solo día hice arrojar al mar unos cuarenta mil bushels de arroz, que podrían haberse vendido con un beneficio razonable de haber sido el acaparador menos codicioso de ganancias. Es la sociedad la
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Introducción
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