Sé que recordarán todo lo que les dije, que serán hijas cariñosas contigo, cumplirán con su deber fielmente, lucharán valientemente contra sus enemigos íntimos y se conquistarán a sí mismas tan hermosamente, que cuando vuelva con ellas pueda quererlas más y sentirme más orgulloso que nunca de mis mujercitas”.
Todos sorbieron por la nariz al llegar a esa parte; Jo no se avergonzó de la gran lágrima que cayó de la punta de su nariz, y a Amy no le importó que se le despeinaran los rizos mientras escondía la cara en el hombro de su madre y sollozaba: «¡Soy una chica egoísta! Pero de verdad intentaré ser mejor, para que él no se decepcione de mí más adelante».
—¡Todas lo haremos! —exclamó Meg—. Pienso demasiado en mi apariencia y odio trabajar, pero no lo haré más, si puedo evitarlo.
—Intentaré ser lo que le encanta llamarme, «una mujercita», y no ser brusca y salvaje; sino cumplir con mi deber aquí en vez de desear estar en otra parte —dijo Jo, pensando que contener su