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nydus/Little WomenPublic
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Feliz Navidad

«Aquí vengo, desde mi hogar aéreo, Allá lejos, en la plateada luna. Toma el hechizo mágico, y úsalo bien, ¡o su poder pronto se desvanecerá!»

Y, arrojando una pequeña botella dorada a los pies de la bruja, el espíritu se desvaneció.

Otro cántico de Hagar produjo otra aparición⁠—no una encantadora; pues, con estrépito, apareció un feo duendecillo negro y, tras graznar una respuesta, le arrojó una botella oscura a Hugo y desapareció con una risa burlona.

Tras gorgorear sus agradecimientos y ponerse las pócimas en las botas, Hugo se marchó; e Hagar informó al público de que, como él había matado a algunos de sus amigos en el pasado, lo había maldecido, y se proponía frustrar sus planes y vengarse de él.

Entonces cayó el telón, y el público descansó y comió caramelos mientras discutía los méritos de la obra.

Hubo una gran cantidad de martillazos antes de que volviera a levantarse el telón; pero cuando quedó patente qué obra maestra de la carpintería teatral se había conseguido, nadie murmuró por el retraso. ¡Era verdaderamente magnífico! Una torre se elevaba hasta el techo; a media altura aparecía una ventana, con una lámpara encendida en ella, y tras la cortina blanca aparecía Zara con un precioso vestido azul y plateado, esperando a Roderigo. Él entraba con atuendo espléndido, gorro con plumas, capa roja, rizos castaños de enamorado, una guitarra y las botas, por supuesto.

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