Aunque habían recibido una provisión abundante de todo y ni mucho menos habían terminado con ella, se levantaban de vez en cuando para cerciorarse de si aún quedaba algo en la mesa y todavía podían esperar algo para ellos; K. no les prestaba atención y solo empezó a fijarse cuando Frieda se rio de ellos.
Él cubrió la mano de ella tiernamente y le preguntó con suavidad por qué era tan indulgente con ellos y trataba con tanta amabilidad incluso sus travesuras. De ese modo uno nunca se libraría de ellos, mientras que mediante cierto grado de severidad, que por otra parte exigía su comportamiento, uno se las arreglaría ya fuera para frenarlos o, lo que era tanto más probable como más deseable, para ponerles las cosas tan difíciles que al final tendrían que marcharse. La escuela de aquí no parecía ser un sitio muy agradable para vivir durante mucho tiempo; en fin, aquello no iba a durar mucho en ningún caso; pero apenas notarían todos los inconvenientes si los ayudantes se hubieran ido de una vez y los dos tuvieran la casa tranquila para ellos solos; ¿y acaso no advertía ella también que los ayudantes se estaban volviendo cada vez más impudentes, como si ahora se vieran realmente alentados por la presencia de Frieda y la esperanza de que K. no los tratara con la firmeza con que lo habría hecho en otras circunstancias? Además, probablemente había medios bastante sencillos para librarse de ellos de inmediato, sin ceremonias; tal vez la propia Frieda conociera tales medios, dado que estaba tan bien al corriente de todas las circunstancias. Y, por lo que parecía, uno solo les haría un favor a los ayudantes si se deshacía de ellos de algún modo, pues la ventaja que sacaban con quedarse allí no podía ser grande, y además los ratos de holgazanería de los que sin duda habían disfrutado hasta ahora debían cesar allí, al menos hasta cierto punto, pues tendrían que trabajar mientras Frieda se