que se les ocurra mirar por las ventanillas del carruaje en busca de peticionarios, porque los carruajes van repletos de papeles que estudian por el camino.
—Pero —dijo K.—, yo he visto el interior de un trineo oficial en el que no había ningún papel.
El relato de Olga le estaba abriendo un mundo tan vasto y casi increíble que no pudo evitar tratar de relacionar en él sus propias y pequeñas experiencias, tanto para convencerse de la realidad de aquel mundo como de su propia existencia.
—Eso es posible —dijo Olga—, pero en ese caso es aún peor, pues significa que los asuntos del funcionario son tan importantes que los papeles son demasiado valiosos o numerosos para llevarlos consigo, y esos funcionarios van a galope. En cualquier caso, ninguno de ellos puede dedicarle tiempo a papá. Y, además, hay varios caminos que llevan al Palacio. Ahora se pone de moda uno de ellos, y la mayoría de los carruajes van por ahí; luego es otro y todo el mundo se precipita atropelladamente hacia allí. Y nunca se ha llegado a descubrir qué rige este cambio de moda. A las ocho de una mañana todos estarán en otro camino, diez minutos más tarde en un tercero, y media hora después de nuevo en el primer camino, y entonces tal vez se mantengan en ese camino todo el día, pero a cada minuto existe la posibilidad de un cambio. Por supuesto, todos los caminos se unen cerca del pueblo, pero para entonces todos los carruajes corren como locos, mientras que más cerca del Palacio el ritmo no es tan rápido. Y el volumen de tráfico varía de forma tan amplia e incomprensible como la elección de los caminos. A menudo hay días en los que no se ve ni un solo carruaje, y otros en los que viajan en masa. Ahora, piensa en todo eso en relación con papá. Con su mejor traje, que pronto se convirtió en su único traje, sale de casa todas las mañanas con nuestros mejores deseos. Se lleva una pequeña insignia del Cuerpo de