Pocosos sosiego y tranquilidad se podían encontrar en la habitación, pues las criadas también entraban con paso pesado y botas recias, trayendo o buscando diversos objetos, y cada vez que querían algo del surtido misceláneo que había sobre la cama, simplemente lo sacaban de debajo de K. Saludaron a Frieda como a una de los suyos. A pesar de todo este ir y venir, K. se quedó en la cama durante todo el día y toda la noche. Frieda le hizo pequeños favores. Cuando por fin se levantó a la mañana siguiente, estaba muy despejado, y era ya el cuarto día desde su llegada a la aldea.
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III
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