Jeremías—, solo te buscaba para tranquilizar a Frieda. Cuando la abandonaste por la hermana de Bernabé, ella estaba muy infeliz, no tanto por la pérdida como por tu traición; además, lo veía venir desde hacía mucho tiempo y ya había sufrido mucho por ese motivo. Solo me acerqué a la ventana de la escuela una vez más para ver si te habías vuelto más razonable. Pero no estabas allí: Frieda estaba sentada sola en un banco llorando. Así que fui con ella y llegamos a un acuerdo. Todo está resuelto. Voy a ser camarero en el Herrenhof, al menos hasta que mi asunto esté resuelto en el Castillo, y Frieda ha vuelto a la taberna. Es mejor para Frieda. No tenía ningún sentido que se convirtiera en tu esposa. Y tampoco has sabido valorar el sacrificio que estaba dispuesta a hacer por ti. Pero al buen corazón le quedaban aún algunos escrúpulos, quizás te estaba cometiendo una injusticia, pensaba, quizás no estabas con la chica de Bernabé después de todo. Aunque, por supuesto, no cabía duda de dónde estabas, fui de todos modos para asegurarme de una vez por todas; porque después de toda esta preocupación Frieda merecía dormir en paz por una vez, por no hablar de mí mismo. Así que fui y no solo te encontré allí, sino que además pude ver de paso que tienes a las chicas comiendo de tu mano. La de negro en especial —una auténtica fiera—, te ha echado el ojo. Bueno, para gustos los colores. Pero aun así no era necesario que dieras el rodeo a través del jardín de al lado, conozco ese camino.
Así pues, ahora había ocurrido al fin aquello que había podido prever, pero no impedir. Frieda lo había abandonado. No podía ser definitivo, no era tan grave como eso, se podía reconquistar a Frieda, para cualquier extraño era fácil influir en ella, incluso para aquellos ayudantes que consideraban la posición de Frieda muy parecida a la suya propia y que, ahora que habían presentado el aviso, habían incitado a Frieda a hacer lo mismo; pero a K. le bastaría con dejarse ver y recordarle todo lo que hablaba a su favor, y ella se arrepentiría y volvería con él, sobre todo si se encontraba en condiciones de justificar su visita a estas muchachas con algún éxito debido enteramente a ellas. Sin embargo, a pesar de aquellas