hormigueaba muchísimo! Entonces supimos, con seguridad, que este barco se iba a a pique en menos de dos días; y todos tomamos la decisión de abandonarlo en cuanto nos acercáramos lo suficiente a tierra. Es un mal barco, Doctor. No vuelvas a navegar en él, o seguro que te ahogarás. … ¡Adiós! Ahora vamos a buscar un buen lugar para vivir en esta
—¡Adiós! —dijo el Doctor—. Y muchas gracias por venir a avisarme. ¡Muy considerado de tu parte, muchísimo! Dale recuerdos a tu tía. La recuerdo perfectamente... ¡Deja en paz a esa rata, Jip! ¡Ven aquí! ¡Tú, acuéstate!
Así pues, el Doctor y todos sus animales se fueron, cargando cubos y cacerolas, en busca de agua por la isla, mientras las golondrinas tomaban su descanso.
—Me pregunto cuál será el nombre de esta isla —dijo el doctor mientras subía por la ladera de la montaña—. Parece un lugar agradable. ¡Cuánta cantidad de aves hay!
—Vaya, estas son las Islas Canarias —dijo Dab-Dab—. ¿No oyes cantar a los canarios?
El Doctor se detuvo y escuchó.
—¡Pues claro, por supuesto! —dijo—. ¡Qué estúpido por mi parte! Me pregunto si podrán decirnos dónde encontrar agua.
Y poco después los canarios, que se habían enterado de todo acerca del doctor Dolittle por las aves migratorias, vinieron y lo llevaron a un hermoso manantial de agua fresca y clara donde los canarios solían bañarse; y le mostraron los hermosos prados donde crecía el alpiste y todas las demás atracciones de su isla.