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nydus/The Story of Doctor DolittlePublic
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VII. Los chismes del océano

Los cotillas del océano

En seguida se encontró un hacha. Y el Doctor no tardó en abrir a hachazos un agujero en la puerta lo suficientemente grande como para pasar a través.

Al principio no podía ver absolutamente nada, estaba tan oscuro por dentro.

Así que encendió una cerilla.

La habitación era bastante pequeña; sin ventana; el techo, bajo. Como mobiliario había solo un banquito.

Alrededor de la habitación había grandes barriles apoyados contra las paredes, sujetos por la base para que no cayeran con el balanceo del barco; y sobre los barriles, jarras de estaño de todos los tamaños colgaban de clavijas de madera.

Había un fuerte olor a vino.

Y en el centro del suelo sentado un niñito, de unos ocho años, llorando amargamente.

—¡Vaya, si es la cantina de los piratas! —dijo Jip en un susurro.

—Sí. ¡Qué raro! —dijo Gub-Gub—. El olor me marea.

El pequeño parecía bastante asustado al encontrar a un hombre de pie allí ante él y a todos aquellos animales mirando fijamente a través del agujero

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