Y el pon-y-toma se alegró de que hubieran venido; porque le gustaba la hierba verde mucho más que las manzanas secas que había estado comiendo en el barco.
Y Gub-Gub chilló de alegría cuando encontró un valle entero lleno de caña de azúcar silvestre.
Un poco más tarde, cuando todos hubieron comido y bebido a más no poder, y yacían boca arriba mientras los canarios les cantaban, dos de las golondrinas llegaron apresuradamente, muy atolondradas y excitadas.
«¡Doctor! —gritaron—, los piratas han entrado en la bahía y se han subido todos a su barco. Están abajo buscando cosas para robar. Han dejado su propio barco sin nadie a bordo. Si se da prisa y baja a la orilla, puede subir al barco de ellos —que es muy rápido— y escapar. Pero tendrá que darse prisa».
—Es una buena idea —dijo el doctor—, ¡magnífica!
Y llamó a sus animales en seguida, se despidió de los canarios y corrió hacia la playa.
Al llegar a la orilla vieron el barco pirata, con las tres velas rojas, flotando en el agua; y—tal como las golondrinas habían dicho—no había nadie a bordo; todos los piratas estaban abajo, en el barco del Doctor, buscando cosas para robar.
Así que el doctor Dolittle les dijo a sus animales que caminaran muy despacio y todos se fueron sigilosamente al barco pirata.