tuviera un olor recio, como a bramante, vaya —o a agua caliente—, sería diferente. ¡Pero rapé! ¡Válgame Dios!
—¿Tiene olor el agua caliente? —preguntó el Doctor.
—Claro que sí —dijo Jip—. El agua caliente huele muy diferente del agua fría. Es el agua tibia —o el hielo— la que tiene el olor realmente difícil. ¡Vaya! Una vez seguí a un hombre durante diez millas en una noche oscura por el olor del agua caliente que había usado para afeitarse, pues el pobre diablo no tenía jabón. … Y bien, veamos hacia dónde sopla el viento. El viento es muy importante para oler a larga distancia. No debe ser un viento demasiado fiero y, por supuesto, debe soplar en la dirección correcta. Una brisa agradable, constante y húmeda es la mejor de todas. … ¡Ja! Este viento viene del Norte.
Entonces Jip se fue hasta la proa del barco y oyó el olor del viento; y empezó a murmurar para sí:
“Alquitrán; cebollas españolas; aceite de queroseno; impermeables mojados; hojas de laurel machacadas; goma quemada; cortinas de encaje lavándose—No, me equivoqué, cortinas de encaje tendidas para secar; y zorros—cientos de ellos—cachorros; y—”
—¿De verdad puedes oler todas esas cosas diferentes en este mismo viento? —preguntó el Doctor.
—¡Pues claro! —dijo Jip—. Y esos son solo unos cuantos de los olores fáciles, los fuertes. Cualquierquiere chucho los olería con un catarro de cabeza. Espera ahora, y te diré algunos de los aromas más difíciles que vienen en este viento, algunos de los delicados.
Entonces el perro cerró los ojos con fuerza, levantó el hocico bien alto en el aire y olfateó con fuerza con la boca entreabierta.
Durante mucho tiempo no dijo nada. Se quedó tan inmóvil como una piedra. Apenas parecía respirar. Cuando por fin empezó a hablar, sonaba