La mayoría de los postores buscaban entre $1,000 y $5,000, pero casi todos eran personas de recursos comparativamente escasos, y para algunos la inversión representaba todos sus ahorros. Al adjudicar los bonos, di preferencia a los residentes de Utica y no tuve ninguna dificultad para distribuir los diversos vencimientos de manera satisfactoria.
“Creo que en todas las ciudades hay un gran número de personas que comprarían sus propios bonos si la ley facilitara el procedimiento. Syracuse y el pueblo vecino de Ilion, los cuales no habían podido vender de la manera habitual, acudieron a mí en busca de un programa de actuación y desde entonces ambos han logrado ventas exitosas mediante líneas similares.
Por este medio hemos podido mantener el tipo de interés de nuestros bonos en el 4 y medio por ciento, mientras que las ciudades que han seguido el viejo plan de depender de las casas de bolsa han tenido que aumentar el tipo al 5 por ciento. Soy partidario de enmendar la ley de tal manera que el Concejo Municipal (Common Council), con la aprobación de la Junta de Estimación y Reparto (Board of Estimate and Apportionment), pueda fijar los precios a los que se venderán los bonos, en lugar de convocar a licitaciones públicas.
Luego, pónganse los bonos a la venta en la oficina del Contralor para cualquiera que pague el precio. Los precios de cada emisión deben tasarse según los diferentes valores de los distintos vencimientos. Bajo la ley actual, tal como la tenemos, las condiciones son demasiado complicadas para hacer que una venta sea viable, excepto sobre la base de ofertas a la par”.
# EL EXPERIMENTO DE ST. PAUL
San Pablo introdujo sabiamente en su experimento un rasgo más democrático, ideado (aunque no utilizado) por Tom L. Johnson, el gran