El capital propio del banquero, por grande que sea, se agotaría pronto. E incluso los fondos prestables de los bancos se agotarían a menudo, de no ser por los grandes depósitos realizados en dichos bancos por las corporaciones de seguros de vida, ferrocarriles, servicios públicos e industriales que los banqueros también controlan. El 31 de diciembre de 1912, las tres principales compañías de seguros de vida tenían depósitos en bancos y empresas fiduciarias que sumaban un total de 13.839.189,08 dólares. Como señala el Comité Pujo:
“Los hombres que mediante su control sobre los fondos de nuestros ferrocarriles y compañías industriales son capaces de dirigir dónde deben mantenerse dichos fondos y de este modo crear estos grandes reservorios del dinero del pueblo, son quienes están en posición de aprovechar esos reservorios para las empresas en las que están interesados y de evitar que sean aprovechados para propósitos que no aprueban.
Esto último es un factor tan importante como lo primero. Es la consideración determinante en su efecto sobre la competencia en el mundo ferroviario e industrial”.
# TENER EL PASTEL Y COMÉRSELO TAMBIÉN
Pero el poder del banquero de inversión sobre el dinero ajeno es a menudo más directo y efectivo que el ejercido a través de bancos y compañías fiduciarias controlados. J. P. Morgan & Co. logran la supuesta proeza imposible de tener su pastel y comérselo también. Compran los bonos y acciones de ferrocarriles e industrias controlados, y pagan el precio de compra; y aun así no se desprenden de su dinero. Esto se logra mediante el sencillo ardid de convertirse en el banco de depósito de las corporaciones controladas, en lugar de hacer que la empresa