Pero la combinación, por muy intensa que fuera, realizada únicamente en esta línea, no podría haber producido el Trust del Dinero; se añadió otro factor de combinación más potente.
Tercero: Los banqueros de inversión, como J. P. Morgan & Co., operadores de bonos, acciones y pagarés, invadieron las funciones de las otras tres clases de corporaciones con las que sus negocios los pusieron en contacto. Se convirtieron en el poder rector de los ferrocarriles, de los servicios públicos y de las empresas industriales a través de las cuales se llevan a cabo nuestras grandes operaciones comerciales: los creadores de bonos y acciones. Se convirtieron en el poder rector de las compañías de seguros de vida y de otros depósitos corporativos de los ahorros del pueblo: los compradores de bonos y acciones. Se convirtieron asimismo en el poder rector de los bancos y compañías fiduciarias —los depositarios del capital líquido del país, el alma de los negocios, con el cual ellos y otros llevaban a cabo sus operaciones—. Así, cuatro funciones distintas, cada una esencial para los negocios y cada una ejercida, originalmente, por un grupo distinto de hombres, quedaron unidas en el banquero de inversión.
A esta unión de funciones comerciales se debe principalmente la existencia del Trust del Dinero.1
El desarrollo de nuestra oligarquía financiera siguió, a este respecto, líneas con las que la historia del despotismo político nos ha familiarizado:—usurpación, que procede mediante usurpación gradual más que por actos violentos; concentración sutil y a menudo largamente oculta de funciones distintas, las cuales son benéficas cuando se administran por separado, y peligrosas únicamente cuando se combinan en las mismas personas. Fue mediante procesos como estos que César Augusto se convirtió en amo de Roma. Los creadores de nuestra propia Constitución tenían en mente peligros similares para nuestra libertad política cuando previeron tan cuidadosamente la separación de los poderes gubernamentales.