brillaba ante Sanders y Hubbard era que la Western Union pudiera decidirse a comprar las patentes de Bell, tal como ya había comprado muchas otras. En un momento de desaliento le habían ofrecido el teléfono al presidente Orton, de la Western Union, por 100.000 dólares; y Orton lo había rechazado. «¿Qué uso —preguntó con amabilidad— podría hacer esta compañía de un juguete eléctrico?»
“Pero además del funcionamiento de sus propios cables, la Western Union suministraba a sus clientes varios tipos de telegrafos impresores y telegrafos de cuadrante, algunos de los cuales podían transmitir sesenta palabras por minuto.
Estos instrumentos precisos, creía, jamás podrían ser desplazados por una rareza científica como el teléfono, y siguió creyendo esto hasta que una de sus empresas filiales —la Gold and Stock— informó que varias de sus máquinas habían sido reemplazadas por teléfonos.
“At once the Western Union awoke from its indifference. Even this tiny nibbling at its business must be stopped. It took action quickly, and organized the ‘American Speaking-Telephone Company,’ and with $300,000 capital, and with three electrical inventors, Edison, Gray, and Dolbear, on its staff.
With all the bulk of its great wealth and prestige, it swept down upon Bell and his little body-guard. It trampled upon Bell’s patent with as little concern as an elephant can have when he tramples upon an ant’s nest.
To the complete bewilderment of Bell, it coolly announced that it had the only original telephone, and that it was ready to supply superior telephones with all the latest improvements made by the original inventors—Dolbear, Gray, and Edison.
“El resultado fue extraño e inesperado. El grupo Bell, en lugar de ser expulsado del campo, fue elevado de inmediato a un nivel superior en el