No hay una sola moraleja, sino muchas, que extraer de la decadencia del ferrocarril New Haven y la caída de Mellen. Dicha historia ofrece textos para muchos sermones. Ilustra los males del monopolio, la maldición de la grandeza, la inutilidad de la mentira y los peligros de infringir la ley. Pero tal vez la lección más impresionante que debería enseñar a los inversores sea el fracaso de la gestión bancaria.
# CONTROL BANCARIO
Durante años, J. P. Morgan & Co. fueron los agentes fiscales de la New Haven. Durante años, el Sr. Morgan fue el director de la Compañía. A dicha propiedad le dedicó probablemente una atención personal más estrecha que a cualquier otra de sus múltiples inversiones. Las juntas de accionistas rara vez son interesantes o importantes; y pocas debieron de ser en verdad las ocasiones en que el Sr. Morgan asistiera a junta de accionistas alguna de otras compañías en las que era director. Pero era su costumbre, cuando se encontraba en América, estar presente en las juntas de la New Haven. En 1907, cuando se impugnó por primera vez la política de expansión monopolística, y de nuevo en la junta de 1909 (después de que Massachusetts hubiera otorgado imprudentemente su sanción a la fusión de la Boston & Maine), el propio Sr. Morgan propuso los cuantiosos aumentos de capital que se votaron por unanimidad. Por supuesto, asistía a las juntas directivas importantes. Su voluntad era ley.