que se alimenta. El poder engendra riqueza; y la riqueza añadida abre siempre nuevas oportunidades para la adquisición de riqueza y poder. Las operaciones de estos banqueros son tan vastas y numerosas que incluso una compensación muy razonable por el servicio prestado por los banqueros produciría, en conjunto, para ellos ingresos tan grandes que darían lugar a enormes acumulaciones de capital. Pero la compensación cobrada por los banqueros en forma de comisiones o beneficios dista mucho de ser razonable a menudo. Ocupando, como tan frecuentemente lo hacen, la posición contradictoria de ser al mismo tiempo vendedor y comprador, el criterio para la llamada compensación que se aplica en la realidad no es la «regla de la razón», sino «todo lo que el mercado pueda soportar». Y esto es cierto aun cuando no exista un motivo siniestro. La debilidad de la naturaleza humana impide que los hombres sean buenos jueces de sus propios merecimientos.
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Capítulo I. Nuestra oligarquía financiera
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