Si nos situamos en el terreno de la mecánica clásica, podemos satisfacer este requisito para nuestro ejemplo de la siguiente manera. Imaginamos dos relojes de idéntica construcción; el hombre en la ventanilla del vagón de tren sostiene uno de ellos, y el hombre en el sendero, el otro. Cada uno de los observadores determina la posición en su propio cuerpo de referencia que ocupa la piedra en cada tic-tac del reloj que sostiene en su mano. A este respecto no hemos tenido en cuenta la inexactitud que implica la finitud de la velocidad de propagación de la luz. De esto y de una segunda dificultad aquí presente nos ocuparemos en detalle más adelante.
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III. Espacio y tiempo en la mecánica clásica
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