De las guerras con o sin aliados.
Por supuesto, en una guerra es deseable un aliado, en igualdad de condiciones. Aunque es más probable que un Estado grande triunfe que dos Estados más débiles en alianza contra él, aun así la alianza es más fuerte que cualquiera de ellos por separado.
El aliado no solo aporta un contingente de tropas, sino que, además, hostiga al enemigo en gran medida al amenazar porciones de su frontera que de otro modo habrían estado seguras.
Toda la historia enseña que ningún enemigo es tan insignificante como para ser desdeñado y descuidado por ninguna potencia, por formidable que sea.