transmiten su imagen al ojo mediante una pirámide de líneas.
Por pirámide de líneas entiendo aquellas líneas que parten de los bordes de la superficie de los cuerpos y, convergiendo desde la distancia, se encuentran en un solo punto; y este punto, en el presente caso, mostraré que está situado en el ojo, el cual es juez universal de todos los objetos.
Por punto entiendo aquello que no puede dividirse en partes; por tanto, este punto, situado en el ojo, al ser indivisible, ningún cuerpo es visto por el ojo que no sea mayor que este punto.
Siendo esto así, es inevitable que las líneas que vienen desde el objeto hasta el punto deban formar una pirámide.
Y si alguno pretende probar que el sentido de la vista no reside en este punto, sino más bien en la mancha negra que es visible en el medio de la pupila, podría responderle que un objeto pequeño nunca podría disminuir a ninguna distancia, como podría ser un grano de mijo o de avena o de alguna cosa similar, y que dicho objeto, si fuera mayor que la citada mancha [negra], jamás sería visto por entero; como puede verse en el diagrama siguiente. Sea a. el asiento de la vista, b e las líneas que llegan al ojo. Sean e d los granos de mijo dentro de estas líneas. Ves claramente que estos nunca disminuirán por la distancia, y que el cuerpo m n no podría ser enteramente cubierto por él. Por tanto, debéis confesar que el ojo